El cuarto de costura y el menú especial
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Junto a
mis tres hermanos, tuve la maravillosa fortuna de nacer y ser criado en un
hogar en el que primaron el respeto, el amor y la preocupación por los
semejantes. Como hijos de un padre militar cuya pasión, entrega y conocimientos
eran demostrados dentro de la institución naval como fuera de ella y quien tuvo
la gracia de ser premiado con muchos viajes a distintos astilleros de Estados
Unidos, y de una madre consagrada al hogar y emprendedora de la costura mayor,
quien por los años 80 lideraba un negocio personal dedicado a la confección e
instalación de cortinas, edredones y cojines, de la mayor calidad, nuestra
crianza tuvo ingredientes particulares que nos hicieron únicos.
Para el
negocio, mi madre siempre contó con "las chicas del taller", señoritas
y señoras vecinas, amigas y familiares, quienes implementaban y ejecutaban a la
perfección los diseños revolucionarios de la confección y el embellecimiento
hogareño que creaba nuestra madre en un taller de costura. Fueron muchas las chicas que aprendieron en
el taller de nuestra casa en Cartagena, chicas que con el pasar de los años
fueron y vinieron, aprendieron y reaprendieron, muchas que siguieron la estela
del derrotero de la máquina, el hilo y la aguja, y otras que pudieron
rebuscarse para hacerse a unos pesos que luego utilizarían para sus estudios o
en la ayuda a sus familias. Entre las "chicas del taller" están
Luisa, Bibiana, Leticia, Maritza, Dora (QEPD), Marián <nuestra hermana>,
Manena y Carmen Pardo (nuestra nana y cuidadora).
En el
taller del fondo de la casa, nuestra madre pudo consolidar un conjunto de máquinas
de coser, cada una con sus características, especialidades y calidades, las
cuales fue pagando en efectivo (o chan con chan como coloquialmente dice)
o a cuotas. Alcanzó a tener sólo máquinas de coser Singer, porque eran las Ferrari
de la época, robustas y duraderas. Tuvo máquinas sencillas y una industrial que
además de ser ésta última la apetecida de "las chicas del taller", facilitaría
por mucho la producción.
El señor Adán (sobreviviente de leptospirosis) era el técnico preventivo y correctivo especializado de las máquinas de coser Singer, las cuales por su frecuente uso (muy a pesar de la aplicación de aceite tres en uno) requerían ser atendidas con extrema dedicación
Fue tanto el desempeño que comenzaron a llegar trabajos
personales por doquier, así como de almacenes de confección tradicionales como Pimo's
(con los coordinadores Agustín y Catalino) y Chantú (con el instalador Iván y
Don Eduardo), y posteriormente del almacén Coralcosta (con Yadira como enlace).
Este almacén barranquillero llegó con una iniciativa de negocio "compra
las telas de las cortinas y nosotros te las confeccionamos gratis".
A pesar de ello, nuestra madre no se amilanó y lo que hizo fue convertir su pujante emprendimiento, en el principal contratista de esta nueva firma atlanticense. A su vez, tan buena fama tenían
“las chicas del taller” que una de ellas, Bibiana, fue contratada en Coralcosta
como confeccionista y hoy es coordinadora de ventas de dicho almacén.
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| Maquinas de coser tipo |
Por
supuesto, todos los avatares y los negocios hicieron que "mami Mary"
tuviera que ausentarse con frecuencia, sobre todo en las horas del mediodía,
por lo que las chicas del taller tuvieron que hacerse cargo del almuerzo de los
4 infantes que llegaban hambrientos luego de la jornada matutina en el colegio
clasymar. El almuerzo al que denominaron "el menú" tenía elementos
establecidos e inamovibles, con sólo una única variante, la forma de
presentación de la proteína diaria, el huevo (por su practicidad, valor nutricional y economía). Una vez llegábamos a nuestro
hogar, la chica designada para elaborar el almuerzo preguntaba a cada uno de
nosotros ¿Como quieres el huevo? dejando bajo la
responsabilidad particular escoger la forma de presentación, aún niños y con
nuestros caprichos, teníamos la oportunidad de decidir. Muchas eran las
variables, en tortilla, fritos, pericos, revueltos, etc.
Los
elementos del menú
- Arroz blanco de manteca
- Tajada madura o platanito
- Huevo (al gusto)
- Agua de panela, fresco royal
o frutiño
La chef
del día sacaba con amor los platos, con la rapidez de las decisiones y a quien
por duda no dijera su gusto, le hacía la famosa “torta” (tortilla de huevos
revueltos) a la que nos acostumbramos debido a que los huevos además de
revueltos, no se les sentía la yema y su olor, pegaba con todo y sus bordes
tenían algo de crocancia. Todos los días éramos recibidos por estas incansables
mujeres que cosían a máquina, a mano, medían y planchaban con determinación, ya
que mientras más producían, más ganaban. En muchísimas ocasiones pudimos
participar del proceso operativo, cuando nos convertimos en ayudantes de
planchado y agarradores de moños de estas magníficas profesionales y en los mensajeros para llevar las cortinas a los almacenes, ya fuera en bus, taxi o en la motocicleta del momento.
Nuestra
madre y “las chicas del taller” nos demostraron que si se puede y que las cosas se consiguen con
esfuerzo y dedicación. Haber vivido esos momentos de mucho amor, forjaron en nosotros, la templanza y el
deseo de siempre hacer bien las cosas, muy a pesar de los retos y desafíos que se presenten.




cualquiera diria que es una historia comun..pero es muy emocionante 🤩🤩
ResponderEliminarExcelente relato que indican y demuestra que los los momentos más, felices, genuinos y donde esta la verdadera educación del ser humano es en seno de nuestras familias, por ello hay que defenderlas y luchar por ellas. Remenbras llenas de amor y nostalgia.
ResponderEliminarRemembranzas que hicieron latir de alegría y nostalgia a mi corazón ya carcomido por los años. Mario Jr. mi sobri-ahijado me transportó a mis años mozos cuando Mary mi hermana y mi segunda madre, instaló un taller de confecciones en su residencia.Ella era profesional graduada en Corte y Confeccion.Era una mujer con visión futurista y de progreso y apoyada por su esposo Mario Barboza ,un militar con alma noble,la apoyó en su proyecto,el cual funcionó a las mil maravillas,pues contaban con el apoyo de amigas y conocidas,también conocedoras del arte.A la hora del almuerzo,se perdía el grado o rango pues la jefe del taller designaba a "la que le tocara" prepararlo,pues cuando aparecían los 4 chicos había que atenderlos porque llegaban "cortando el aire" (con filo). Recuerdo que para los fines de años se incrementaban los pedidos entonces yo con mi escaso entendimiento al respecto las ayudaba cociéndole las "moñas" a las cortinas,tanto que terminé experto,me enseñó una muchacha de nombre Viviana,quien tiempo después la haría mi esposa,me regaló dos retoños:Gumer Rafael y Bibiana Isabel.Es un bello recuerdo que me quedó del taller de confecciones de mi amada hermana,quien aún lo conserva, con sus mismas máquinas,cortadoras,profesionales y aún tiene la primera maquinita,no tengo claro si fué mi padre Gumercindo o ella quien la adquirió. Que conmovedor es poder contar con familiares que con sus artículos nos mueven el alma y nos motivan a leer y a opinar sobre sus ideas y conceptos.Felicitaciones a ese par de sobrinos que con sus publicaciones nos enorgullecen:Mario del Carmen y Milton Gregorio.
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