Con cara de ocupado
Tuve la maravillosa oportunidad de adelantar
labores como docente por un poco más de 7 años en una de las escuelas de
capacitación de la Armada Nacional, en la que además de dictar clases (inicialmente
con muy poco sentido práctico y mínima pedagogía) sobre tópicos relacionados
con la seguridad, el análisis de riesgos y las organizaciones, debía cumplir roles administrativos y
operativos.
Pues bien, uno de los colegas con los que
compartí labores y del que tendré que omitir su nombre dada la historia que a
continuación relataré y a quien llamaré "cara de ocupado"
era un suboficial en el grado de S2 que a finales del siglo XX cumplía roles de
docente y adelantaba actividades como jefe del departamento de personal de
dicho instituto, es decir, era el representante del talento humano, encargado
de dar trámite a los requerimientos de los estudiantes y miembros de dicha
escuela de capacitación. Por organización y funciones "cara de ocupado"
tenía por ayudante a una amable señora de los servicios convertida en
secretaria por razones médicas, Concepción Helena (Conchi).
El apodo de "cara de ocupado"
fue puesto por el SP Omar Luna un día cualquiera en una de esas conversaciones
en el primer piso del edificio (junto a Mirna Luz y otros más) después de
disfrutar un suculento almuerzo en el restaurante de la señora Amelia servido
con cariño por "La Chiqui". El SP Luna era un carismático suboficial
de infantería de marina que además de ser profesor de las materias más 'ladrilludas',
era la alegría del equipo por su desparpajo, frescura y jovialidad. Este de
forma desprevenida, en tono burlón y altivo, al ver pasar al azaroso jefe de
departamento de personal dijo "miren a este, siempre poniendo cara
de ocupado, como si no supiéramos que es de lo más flojo y tramador que
hemos conocido". El apodo caló tanto, que quienes lo escuchamos,
decidimos colectar en su momento el resumen de actuación del personaje en
mención, basados en su comportamiento, relaciones y actitudes.
Cara de ocupado tenía por costumbre arribar a las
instalaciones todas las mañanas, rayando la hora plazo de ingreso (7:30am).
Antes de abrir la puerta del instituto bajaba al piso el portafolio negro con
clave que siempre le acompañaba y procedía a despeinarse, a remangarse la
camisa y a adoptar una mala cara (como para que no se le dijese nada).
Una vez ello, tomaba el portafolio e ingresaba al edificio "resollando"
y saludando de forma agitada y presurosa (al pasar la puerta le
caía el mayor de los pesos y la más grande agonía).
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| Portafolio tipo utilizado por Cara de Ocupado |
Al llegar a su cómodo puesto de trabajo (quedaba
contiguo a la oficina del director) que constaba de dos grandes escritorios (sólo para él),
subía su flamante portafolio a uno de esos escritorios y sacaba de él, un gran
volumen de papeles manuscritos ajados y carpetas con velobinder, los cuales
esparcía en ellos, de manera desordenada (dejando ver su aparente compromiso y
gran ocupación para el logro de sus objetivos), asimismo, sacaba siempre del
cajón más grande de uno de esos escritorios, sendas carpetas A-Z cuyo contenido
era tanto, que no cerraban. Una vez acondicionaba el escenario, procedía a
continuar con el "resollido" y el interminable conjunto de
murmuraciones, buscando dar fuerza al acto de supuesta carga laboral
desbordada, por tanto quehacer, lamentos por la lentitud del computador Pentium
386 y golpes al escritorio por no recibir la ayuda y colaboración de los
miembros del equipo y las dependencias de la base naval.
"Obviamente las actividades en el departamento de
personal del instituto tenían que ser realizadas por "Conchi", la
improvisada secretaria a quien le sobraba entusiasmo y deseo de acertar, pero
que carecía en el momento, de las capacidades para realizar todas las
actividades y responsabilidades. Aún en la debacle, "cara de ocupado"
jamás se inmutó por cumplir sus roles y lograr los objetivos"
"Cara de ocupado" detenía a las 4.30pm lo que estuviera aparentemente haciendo, media hora antes del término
de la jornada laboral. Esa media hora era utilizada por él para deshacer la
maniobra de acondicionamiento del puesto de trabajo, es decir, recogía las
carpetas A-Z que a propósito nunca tocaba en el discurrir de la jornada, las
guardaba celosamente en el cajón más grande, recogía de un sólo manotazo los
papeles y carpetas con velobinder que guardaba en su portafolio, y adelantaba
un minucioso acto de acicalamiento que comenzaba con un lento peinado del
cabello, aplicación de colonia, bajada de mangas de la camisa y lustrada de los
zapatos. Siendo las 5pm en punto se despedía con una amplia sonrisa diciendo
"dejemos algo para mañana, que tengan buena tarde". Todo esto, era
realizado de lunes a viernes indistintamente hubiera o no estudiantes, hiciera
frio o calor, lloviera o hiciera un día soleado.
Los directores y subdirectores (jefes
jerárquicos) nunca se dieron a la tarea de preguntarle ni realizarle un
seguimiento laboral a las reales ocupaciones y labores que "cara de
ocupado" solía lamentar, tal vez por creer en su acto de birlibirloque,
porque le tenían pavor/lástima o porque les era más fácil imponer los trabajos
a alguien que fuera más competente y que no se quejara ni estuviera penando con
cada desafío que se le asignare. Solía verse a los oficiales dirigirse al
puesto de trabajo del aparente ocupado con la intención de entregarle una
responsabilidad de su área, pero desistían al ver tan deplorable ruindad, por
lo que tomaban rumbo hacia algún puesto de trabajo de algún subalterno
cumplidor. Obviamente esto desencadenaba las quejas de quienes recibían los
trabajos del protagonista de esta historia, pero la realidad es que ningún
superior actuó como debía, es decir, en consecuencia.
"Era tanto el beneficio de poner cara de ocupado y
hacerse ver como el profesional con más carga laboral, que además de no
asignársele labores de rigor, solían dársele muchos permisos, permitirle
ausentarse en aquellas comisiones de estudiantes en las que se requería el
acompañamiento de docentes y prácticamente se le permitía no hacer nada"
En ese sentido, "Cara de ocupado" fue
consistente y firme pusilánime en su actuar, cada vez su acto fue más
especializado y diverso, lo que permitió que su historia de agonía laboral
arribara hasta el nivel central. Algunos de quienes conocieron ese actuar, se
convencieron que ese era el camino, poner cara de ocupado y hacerse la víctima.
Lo bueno es que muchos, terminaron actuando de forma seria, coherente y
responsable, como debía ser.
Para terminar, "cara de ocupado" quien
alcanzó el máximo grado de la suboficialidad de la época, fue premiado por sus
superiores siendo comisionado como secretario de una de las agregadurías en el
exterior, en donde el destino se encargaría de desenmascararlo cuando fueron
develadas sus carencias, incompetencias y falta de preparación profesional,
"quedándole grande ese cargo" y teniendo que suspendérsele la
comisión. Confieso que tuve un atisbo de vergüenza ajena.
POSDATA: Las frases "Pon cara
de ocupado", "no te hagas la víctima" y "no pongas cara de
ocupado en la cámara", tal vez no nacieron de esta anécdota, pero si queda
claro que siempre debemos apelar a superar los retos anteponiendo nuestra
dignidad, aún las dificultades que se presenten. No aparentes que haces, por el
contrario, elabora, haz, comprométete y decídete a trabajar con honestidad en
equipo. Muy a pesar de que el mundo es cada vez más global e interconectado,
siempre encontraremos en nuestras labores, a personas con este tipo de comportamientos,
que además de hacer muy poco, se vuelven un lastre para cualquier organización,
recargando las tareas de sus compañeros y colegas. No seas uno de esos
personajes.
"No
pongas cara de ocupado ni te hagas la víctima laboral.
Por el
contrario, vive cada momento, capacítate, acepta los desafíos y prepárate para
siempre ser
mejor"

Excelente descripción de una situación que se presenta no solo en aulas militares, también en el resto del país y a todos los niveles.
ResponderEliminarMuy de acuerdo mi tío
EliminarMi Jefe buenas noches, muy agradable y enriquecedor que tenga este espacio para continuar recibiendo de lo mucho que tiene para dar, excelente maestro de los mejores suboficiales y una persona esepcional.
EliminarMe encantas sus historias y anéctodas
ResponderEliminarBuenos días, debo decir que a pesar de la eficiencia de muchos administradores de talento humano, hay muchos otros que tienen esta misma actitud, y alardean que su trabajo no puede ser desarrollado por muchos, se creen lo mejor y no cumplen con su función principal que es servir a la gente desde ese cargo, tuve la oportunidad de ser jefe de talento humano y fue ahí cuando me di cuenta que aunque el volumen de trabajo es grande, siempre se puede hacer con disposición y buena actitud, sirviendole a la gente que es lo finalmente se espera. Muchas gracias por esa anécdota.
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